woensdag 30 september 2009

Antropología como traducción (inter)cultural

Ponencia:
Antropología como traducción (inter)cultural

Como introducción les cuento algo sobre mi mismo para poder
entender mejor de dónde viene mi ponencia.
Yo tengo una licenciatura en Traducción e Interpretación
(español-inglés-neerlandés) y después he conseguido una
Licenciatura en Antropología (en la Universidad de Gante en
Bélgica, Europa).

Mucha gente me preguntó por qué después de estudiar idiomas
yo quería estudiar más, y por qué justamente antropología?
No veían el vínculo que es tan obvio para mí.

Yo les respondía : No existen idiomas sin o fuera de
culturas.
Los idiomas tienen culturas como respaldo digamos, - como
mundo en el cual moverse, aunque también se puedan mover
fuera de este mundo propio, - y para traducir de un idioma a
otro hay que tener un cierto conocimiento de las culturas que
están detrás también para poder traducir de forma correcta,
porque sin conocer la cultura inextricablemente vinculada,
no se puede encontrar equivalentes válidos.

Y por eso cuando se traduce entre idiomas se trata de
encontrar equivalentes de palabras, de frases, de ideas,
de conceptos, etc. en este "idioma de destino".

La anropología para mí es la traducción de palabras,
de ideas, de conceptos, de creencias, de costumbres, etc.
del mundo al cual pertenece el antropólogo al mundo al cual
pertenece el lector, el público.

Hoy en día la antropología conste en hacer "trabajo de campo".
Antropología no sólo se puede ejercer, de mi punto de vista,
desde un estudio de libros, porque esto sería una bibliología
en vez de un estudio de antropos (humanos). Yo pienso más bien
que se tiene que encontrar un equilibrio entre un apoyo
teórico, literario y un estudio de campo, porque sigue siendo
una ciencia social, humana, y es una ciencia tán dinámica,
como el "objeto de estudio" es tán dinámico que un día se
escribe algo y al día siguiente, digamos, ya se ha cambiado
el "objeto de estudio" como persona y como actor. Porque
"culturas" (que pretendemos estudiar) son todo salvo estáticas.

Este trabajo de campo, que se sigue llamando "trabajo de
campo", aunque gran parte de mis investigaciones hasta ahora
se han desarrollado en la ciudad y tenían como escena "la
ciudad", nos afecta a los investigadores igual (pero no de la
misma manera) que les afecta a los que vas a "estudiar".
La participación (según el tamaño, la forma y el diseño que
tú quieras) en la vida de "tus sujetos" (y hoy en día la
metodología más popular es la investigación participativa) es,
para mí, inevitable. Yo lo veo necesario en los "buenos"
estudios un intercambio de ideas, de confianza, de palabras,
hasta las entrevistas ya no son, en mi caso, entrevistas en el
sentido estricto, periodístico de la palabra. Más bien son
diálogos entre "la investigadora" y "el/la informante".
Hay interpretaciones directas, hay aclaraciones necesarias,
hay consentimiento, hay malentendidos, etc., pero todo esto
forma parte del diálogo que se construye.

El problema de la "cientificidad" de la antropología y de las
ciencias humanas en general, es que siempre se ha esforzado
para escribir (y luego publicar, porque un antropólogo no
existe hasta que haya publicado) de forma más neutra, de
forma más objetiva, como se dice. Siempre se ha prestado
más atención a la forma que al contenido. Si la metodología
y las referencias estaban bien, ya no importaba mucho el
contenido.
Nunca se ha tomado en cuenta al público que lo lea. ¿Y por
qué lo harían? ¿Acaso no escriben para sí mismo, para ser
recordados, para ser citados por otros colegas antropólogos?

Esto no debería ser el caso. La acción de intercambio entre el
investigador y lo investigado que se exterioriza en forma de
diálogo, es una interculturalidad. Es un entendimiento mutuo
al cual hay que llegar. Hay que tratar de entender a la
cultura que estás investigando, por similar o diferente que
sea. Y luego con escribir tus experiencias hay que pensar para
quién estás escribiendo: para tí mismo (muy egoista), para tu
sujeto de investigación (como retribución), para tus colegas
antropólogos (de modo de informarles) que tal vez nunca van
a llegar a donde tú has llegado, pero quienes quieren conocer
por parte de tus ojos que perciben, de tu lengua que habla
con la gente, de tu mano que escribe. Igual que el testimonio
de un informante, tu interpretación y tu percepción del "objeto
de estudio" es algo personal, algo subjetivo.

Hay que tratar de traducir lo que tú has vivido durante tu
trabajo de campo o tu investigación, a un idioma que tienen
en común tú y tu público, para que pueda leer y entender gente
que tal vez ha ido al mismo lugar, pero que seguramente ha
tenido otras experiencias. Hay que traducir de manera más
fiel posible, que estén de acuerdo también "tus sujetos",
tus informantes. No es evidente ni es sencillo, pero hay que
tener en cuenta que de cada experiencia surgirá otra traducción,
como de cada obra literaria, cada traductora (la mayoría de
los traductores son mujeres, así que me permito el lujo de
generalizar aquí) hará otra versión traducida.

Muchas veces pensamos que entendemos de la misma forma
conceptos internacionales que pretenden ser universales, como
"desarrollo" por ejemplo. Si tú preguntas a mí
qué es desarrollo o lo preguntas a un CEO en los EEUU o a un
campesino del sudeste del Departamente de Oruro, recibirás
tres respuestas diferentes. Si piajas a diferentes países en
diferentes continentes, vas a ver que el concepto de "pobre"
tiene otras interpretaciones también. Pensamos que todos
entendemos, pero no es así, queremos generalizar, pero muchas
veces no tiene ningún valor científico.

En el mundo académico en Bolivia no se llegará nunca a la
descolonización. Se aspira pertenecer a este estatus de
academici occcidentales, pero el gran problema está en el acceso
al conocimiento, porque "conocimiento es poder", como se dice
en el mundo occidental.
Como mucha lectura antropológica no se ha traducido al español,
nunca llegan a leer obras recien publicadas en inglés, en
francés, en alemán, etc, porque no dominan estos idiomas.
Su conocimiento académico está fragmentado y muchos no se dan
cuenta.
Están presos por la arbitrariedad de algunas editoriales y
algunas traductoras. Y hasta que cambie esto, van a ser
sometidos intelectualmente también.

Mi intención no es ofender a los antropólogos bolivianos,
porque hay que saber que entre ellos tengo varios amigos,
pero más bien quiero llamar la atención a las estructuras
vigentes, porque si un autor vende bien, aparte de que tenga
valor o que sea interesante leer, se va a considerar a
traducir sus obras, los motivos son puramente económicos.
De este modo tampoco se va a traducir facilmente a autores
bolivianos a otros idiomas, porque no son conocidos y todavía
no tienen valor económico en el mercado de los libros
(científicos o no). Por esto hay que luchar a nivel
internacional en el mundo academico, para que acepten a los
científicos bolivianos y que les conozcan, porque la
antropología boliviana sí tiene valor! (pero todavía no es
reconocido).

Suerte con esta lucha intelectual.
Attentamente,
Anaïs De Mol

Geen opmerkingen:

Een reactie posten